sábado, 28 de junio de 2008

Querido diario.

Una vez más sueño despierta, encarcelada en mis pensamientos, en mis memorias.
La dulce luz de las estrellas me abstrae del mundo esta noche, no sé qué me pasa, pero me siento bien, me siento tan plena...y me doy cuenta de lo pequeña que soy, de lo insignificante que es mi vida entre otras miles de vidas que vagan absortas en sus propios pensamientos como ahora lo hago yo.
El reloj marca las 2:07 de la noche, y yo me dirijo a la cocina, con aquél pijama de seda azul que sé que le gustaba. Nunca me lo dijo, pero recuerdo muy bien su reacción: una fugaz mirada de deseo en sus ojos verdes. Un deseo que quizás me inventé yo, pero nadie es perfecto, ¿No?
Tomo un sorbo de café, tan reconfortante, dulce y a la vez amargo, y me quedo distraída.
Hoy no sé qué me pasa que todo me da igual. ¿Estaré enamorada? No, imposible.
La palabra correcta sería: melancólica, pero, ¿Melancólica de qué?
¿De aquellas noches de insomnio pensando en él, en su voz, en su mirada, en su sonrisa? ¿De aquellas noches imaginándole en sueños? ¿De aquellos días en que soñaba despierta escuchando su voz?
Realmente no lo sé. No me comprendo. Pero me da igual.
Lo único que sé seguro, es que hoy la luna está plena, y mi diario repleto de hojas por llenar....



Sarah.

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